Lo breve de la existencia me hace pensar en el momento en que ya no esté. Soy un diminuta mota de polvo en el viaje estelar, entre el cúmulo de galaxias que pueblan un universo que desconozco, que ni siquiera alcanzo a imaginar.Se han llevado el universo, alguien lo tomo y ahora me lo regresa empaquetado y diminuto, insignificante ante el tiempo que me toca vivir. Soy adulto y el asombro se ha diluido. El universo y su tiempo ya no es como cuando los imaginé de niño.
Si no estuviera aquí quedaría una mínima muesca en la existencia de quienes he conocido, quedaría el recuerdo y luego el vacío. El tiempo para el niño pasa siempre, por eso una ausencia él puede representarla como absoluta. Así que, mientras escribo me doy cuenta de que los demás no están y me pienso como niño y me digo que algún día o en algún instante los volveré a ver. Tal vez sea por la mañana, tal vez sea en una semana y tal vez no sea nunca. Y eso me hace estremecer.
Si él, quien fui, estuvieran aquí la vida sería diferente, pero el tiempo a barrido los juguetes, se ha llevado los algódones de azúcar, las tardes en el parque, la pesadilla de la noche, las puertas secretas, los pantalones cortos y las rodillas sucias, y también el universo infinito.
Esperare, tal vez no es tan tarde y el tiempo me perdone y me deje algo del niño que fui.





